destinos de alli.
El fin de las Guerrillas.

Cincuenta años de revoluciones armadas en América Latina llegan lentamente a un epílogo que está marcado por la muerte del guerrillero más viejo del mundo.

En 1958 la lucha guerrillera del Ché Guevara y Fidel Castro en Cuba daría la vuelta al mundo. Una fuerza armada mal preparada, exigua, pero cargada de ideales sociales de igualdad y cambio, se enfrentaba con éxito al corrupto régimen de un dictador tercermundista. En 1959 la victoria de la revolución sería una hazaña que iluminaría la inspiración de muchos jóvenes entusiastas latinoamericanos, descontentos con los regimenes políticos de sus respectivos países. Así, lo que había sido una victoria sobre Batista, un tirano débil a quien no apoyaba nadie en sus propios dominios, se convertiría en el modelo a seguir en muchos países donde las condiciones eran completamente diferentes. Había comenzado la era de las guerrillas en América Latina.

Hay que decir que antes de la revolución cubana habían nacido y desaparecido movimientos guerrilleros en los países americanos: durante la época de “la violencia” en Colombia, en la revolución de los mineros bolivianos de estaño o en la resistencia armada en Guatemala contra la dictadura. No obstante, todos habían surgido como fenómenos heterogéneos, y ligados a un único problema social particular. Los movimientos armados revolucionarios que nacerían a partir del ejemplo cubano tendrían muchas más cosas en común: un ideal socialista, una marcada tendencia anti estadounidense y la ingenua creencia de que el régimen imperante podría ser abolido por la acción armada de un grupo decidido de revolucionarios. En la mayor parte de los casos fueron jóvenes intelectuales, provenientes de la clase media, los que escucharon el canto de sirena de la revolución armada.

En América Latina estaban sembradas las condiciones para que aparecieran movimientos guerrilleros. La Guerra Fría había dividido al mundo entre los defensores de la democracia al estilo del Tío Sam y los admiradores del milagro soviético, y cada uno de los bandos creía a pies juntillas que su versión de un país moderno era defendible con armas y argumentos a la vez. Mientras Estados Unidos se dedicaba a entrenar militares y patrocinar dictadores para defender sus intereses en la región, la Unión Soviética aprovechaba la adhesión de Cuba a su sistema para lanzar desde allí la propaganda socialista a toda América Latina.

El propio Ché Guevara incitó la creación de focos revolucionarios, ayudado por las teorías del francés Régis Debray. Tras una pobre gestión como Ministro de Industria, Guevara propició el entrenamiento de guerrilleros provenientes de diversos países latinoamericanos, intentó crear un grupo subversivo en su país natal, y viajó primero a África y después a Bolivia, donde moriría tras fracasar en el intento de despertar una revolución.

Inspirado por el éxito cubano y por la figura del líder anti imperialista Augusto Sandino, aparece en Nicaragua el Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1960. Su lucha armada consigue un éxito parecido al de Cuba, al derrocar la dictadura de la familia Somoza. Sin embargo, cuando Estados Unidos comienza a financiar una milicia armada de derechas (los ‘contras’) el país caería en la guerra civil por casi una década.

El antiguo líder guerrillero Daniel Ortega es el actual presidente de Nicaragua, a donde ha llegado por vías democráticas. Muy cerca, en El Salvador, se formó el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), una unión de cuerpos armados de izquierda que luchaban en el país desde los años sesenta contra el régimen estatal. En 1981 lanzaron una gran ofensiva contra el gobierno en la que fueron derrotados, y pasaron a la lucha de guerrillas en el campo. Tras una cruenta guerra civil, se iniciaron conversaciones de paz que terminarían con éxito en 1992. El FMLN es ahora un partido político más dentro de la democracia salvadoreña.

El caso colombiano es tal vez el más prolífico en la aparición de guerrillas. De la violencia política de los años cincuenta nace la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), uno de los pocos casos en los que el movimiento armado de izquierdas es formado por campesinos. En los años ochenta, las FARC intentaron crear un movimiento político, paralelo a unas conversaciones de paz, pero todos los miembros de este brazo legal (alrededor de 3.000) fueron asesinados por grupos paramilitares. El ala militar de las FARC continúa activa.

En 1960 fue creado el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que aún persiste en algunas regiones de Colombia, aunque bastante debilitado. También en Colombia, y como protesta a un fraude electoral, nace el Movimiento 19 de Abril, o M-19. Después de protagonizar sonados casos de guerrilla urbana, como tomas de embajadas y secuestros de importantes personalidades, el M-19 caería en desgracia tras una cruenta batalla en el Palacio de Justicia de Bogotá en 1985, en el cual el Ejército colombiano dio muerte por igual a guerrilleros y rehenes. El M-19 entró a formar parte de los partidos democráticos tras un proceso de paz en 1990.

A mediados de los años 60 en Uruguay nace el movimiento de los Tupamaros, que tuvo mayor relevancia política en su lucha en los años posteriores a 1970. Pese a que intentó entrar en las vías democráticas creando un brazo político, fracasó al ser derrotado por un fuerte aparato militar que en 1973 daría un Golpe de Estado.

En Argentina lucharon durante los años setenta el Ejército Revolucionario del Pueblo, brazo armado del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), y los “Montoneros”, una guerrilla que incluso tuvo el apoyo del general Juan Domingo Perón. Ambas fueron brutalmente aplastadas por la dictadura militar de 1976.

El Frente Patriótico Manuel Rodríguez surgió en Chile de forma tardía en los años 80 como forma de lucha contra la dictadura del General Augusto Pinochet. Su repercusión dentro del régimen fue escasa y su lenta desaparición estuvo marcada por el fracaso de varias de sus acciones armadas, y por la llegada de la democracia a Chile.

Tras el fin de la dictadura militar peruana en 1980, los miembros del grupo maoísta Sendero Luminoso deciden alejarse de la política y comenzar una lucha armada que se caracterizaría por su crueldad y violencia contra la población civil. Al carecer de apoyo popular, sus miembros fueron cayendo poco a poco muertos o a manos de la justicia. El golpe definitivo lo recibieron con la captura de su líder, Abimael Guzmán, en 1992. En los albores del siglo XXI apenas quedan guerrillas activas en dos países de América Latina. En Colombia, las FARC aún son poderosas gracias al dinero que mueven con el tráfico de cocaína y el secuestro indiscriminado. Sin embargo, sus constantes ataques a la población civil y las masacres perpetradas las han alejado del apoyo rural que las caracterizó desde sus orígenes. Ahora, tras la muerte de su líder, Manuel Marulanda Vélez, ‘Tirofijo’, quien fuera el guerrillero activo más viejo del mundo, las FARC se encuentran ante una seria posibilidad de desaparecer. La presión militar y el desgaste de una guerra que dura cincuenta años han restado credibilidad y autenticidad a su lucha. Pero el dinero mantiene viva una estructura militar a la que cada vez se le nota menos su ideología.

En general, tras muchas muertes en América Latina, guerras civiles y dictaduras, las guerrillas de izquierda nacidas después de la revolución cubana no consiguieron ninguno de sus fines. En la mayor parte de los casos fueron grupos organizados para realizar golpes de gran repercusión publicitaria, pero que no consiguieron crear movimientos masivos de cambio, y que desaparecieron cuando arreció la persecución policial y militar. En América Central, donde se consiguieron algunas victorias, terminaron creando guerras civiles contra las fuerzas de derecha, casi siempre apoyadas por los Estados Unidos.

Hoy, cuando la Unión Soviética no es más que un recuerdo, y el socialismo que persiste se ha fundido dentro de los sistemas democráticos, las guerrillas vivas y muertas parecen una reliquia del pasado romántico que las vio crecer.

Texto: Juan Camilo Cano.
Fotos: EFE
MEDELLÍN (COLOMBIA), 06/06/08.
Miembros del ejército colombiano presentan a los medios de comunicación a 10 desmovilizados del frente 47 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Un párrafo aparte merece la otra guerrilla viva del sigo XXI en América: el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN. En 1994 tomaron por sorpresa varios municipios del paupérrimo estado de Chiapas, al sur de México, el mismo día que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y Canadá. Aunque se parecen en organización y estructura a muchas guerrillas tradicionales, su carácter reacio a la violencia injustificada y su constante presencia mediática la convierten en un fenómeno diferente. Después de resistir una fuerte presión militar y policial en los años noventa, ha permanecido como fuerza social subversiva, capaz de movilizar a miles de personas en paz y con claros mensajes de crítica al gobierno. Aún persisten como guerrilla en una zona que sigue siendo la más pobre de México.
La imagen del Che Guevara tomada por Korda y que él tituló “Guerrillero
Heróico” es una de las fotografías más famosas del mundo, pero por la cual su autor no recibió ni un centavo aunque salió de Cuba para recorrer los cinco continentes convirtiendose en un icono de la revolción.